Los sismos registrados el pasado 24 de junio en Venezuela no solo generaron preocupación por sus posibles efectos sobre infraestructura, operaciones y cadena de suministro, sino que también se convirtieron en una prueba inmediata para la capacidad de respuesta del sector empresarial. Un estudio elaborado por Mercer, a partir de información suministrada por 111 empresas de 21 sectores económicos, revela que 86% de las organizaciones activó planes de contingencia para hacer frente a la emergencia.
Los resultados forman parte del SPOT – Eventos sísmicos Venezuela, junio 2026, una medición que ofrece una radiografía de cómo reaccionaron las compañías ante un evento que obligó a tomar decisiones rápidas para proteger al personal, evaluar daños y sostener la operación. Más allá de los protocolos de seguridad, el informe muestra que la contingencia también puso en primer plano el rol de las áreas de Talento Humano y Recursos Humanos como pieza clave para la estabilidad interna de las organizaciones.
Entre las acciones más frecuentes adoptadas por las empresas destacan la evaluación, monitoreo y comunicación con el personal, la implementación de esquemas de trabajo remoto, la aplicación de horarios flexibles o reducción de jornadas y la activación de comités de crisis. En conjunto, estas medidas reflejan que la primera reacción empresarial estuvo orientada a mantener la continuidad del negocio, pero también a reducir la exposición de los trabajadores y facilitar la coordinación interna en un contexto de incertidumbre.
Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es que la respuesta corporativa no se limitó al plano operativo. En numerosos casos, las organizaciones activaron medidas extraordinarias para atender a sus colaboradores, incluyendo bonificaciones especiales, apoyo psicológico, adelantos de nómina, quincena, además de otros apoyos puntuales según el nivel de afectación de cada trabajador. Esto sugiere que, frente a este tipo de eventos, la gestión empresarial está incorporando una visión más amplia del riesgo, donde la protección del talento comienza a entenderse como un componente esencial de la recuperación.
El informe también evidencia que 97% de las empresas realizó evaluaciones de daños en instalaciones, equipos, sistemas, inventarios u otros activos relevantes. Aunque una parte importante reportó daños leves o no estructurales, también se registraron afectaciones en equipos, bienes e instalaciones que obligaron a revisar la capacidad de respuesta interna y los planes de continuidad ya existentes.
En el terreno operativo, el estudio indica que 29% de las compañías consultadas reportó impactos en la operación, la cadena de suministro, la logística o la atención a clientes. Entre las principales incidencias se mencionan interrupciones temporales de actividades presenciales, dificultades logísticas y afectaciones vinculadas con el entorno operativo. Aunque la mayoría de las empresas logró evitar una paralización severa, los datos dejan ver que los eventos sísmicos generaron disrupciones concretas que obligaron a reorganizar procesos en muy corto plazo.
Otro punto destacado del reporte es el respaldo económico otorgado por algunas empresas a sus trabajadores. Según los resultados, parte de las organizaciones aplicó bonificaciones extraordinarias para toda la nómina o para personas afectadas, mientras otras evaluaron ayudas para alquiler de vivienda, préstamos personales o contribuciones definidas caso por caso. Esta respuesta es especialmente relevante en un entorno donde las emergencias pueden impactar no solo la dinámica laboral, sino también la estabilidad familiar y financiera de los colaboradores.
La amplitud de la muestra permite observar la reacción de empresas de sectores como servicios profesionales, consumo masivo, manufactura, distribución y comercialización, logística, banca, salud, retail, educación, tecnología, energía, petróleo, telecomunicaciones y construcción, entre otros. Esa diversidad sectorial convierte el estudio en un insumo útil para entender cómo se están adaptando las empresas en Venezuela a escenarios de contingencia que exigen mayor coordinación, flexibilidad y capacidad de prevención.
Más allá de las cifras puntuales, el SPOT deja una conclusión de fondo: la resiliencia empresarial ya no depende únicamente de la infraestructura o de la robustez de los procesos, sino también de la rapidez con que una organización puede comunicar, decidir y acompañar a su gente. En ese sentido, la emergencia del 24 de junio confirmó que la continuidad del negocio y la gestión del talento humano están hoy más conectadas que nunca.
El informe completo está disponible para interesados en conocer en detalle los resultados de esta medición, y puede solicitarse por correo electrónico a info.marshvzla@marsh.com

